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LETRAS HUECAS

POSGUERRA

Disfrutabas viendo cómo me las arreglaba para sobrevivir día tras día, noche tras noche. Te enamoró que pintase tu piel con mi sudor, que me perdiera en el loco baile de tus dedos, encandilarme al compás de tu respiración.

Así fue como me permitiste entrar en tu cuerpo, trabajar en tu cuerpo, soñar en tu cuerpo, alimentarme en tu cuerpo, crecer en tu cuerpo.

Recuerdo que a veces me decías que un día dejarías de permitirme entrar en tu cuerpo, y simulabas un muro a tu alrededor, pero siempre llegaba hasta ti. Algunos días, hasta me concedías permisos temporales para permanecer en tu cuerpo e incluso me amenazabas con que el permiso podría no ser prorrogable.

Y yo, te dejé entrar en mi cuerpo, te ofrecí los mejores rincones de mi piel para que te alojaras en mi y puse mi alma a tu disposición, derruyendo mis defensas, arrasando las fronteras entre la amistad, el amor, la pasión y la entrega incondicional.

Al final, te decidiste y levantaste una barricada a tu alrededor. Un muro para evitar que me acercase. Como si no supieras que cuando la guerra termina, a los vencidos sólo les queda empezar la reconstrucción de su tierra, arrasada por el dolor de la pérdida y la ausencia de los que no volverán.

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